La exposición AL’QALA: hilos de historia comienza con una palabra, fortaleza. Al decir su nombre, AL’QALA, nos recuerda a algo, a la Puerta de Alcalá, un cruce de caminos entre distintas culturas. Y con la vista observamos la reproducción de un pequeño naranjo como símbolo de Palestina y diversos trajes con bordados típicos de la región. Ya en el vestíbulo de entrada, podemos observar el reflejo de la situación que vive este pueblo desde hace más de 60 años: fortaleza, identidad, cruce de caminos entre distintas culturas, y algo más, la situación política de extrema violencia a la que se ha visto y se sigue viendo sometido este pueblo (con el apoyo de EEUU y la complicidad de los gobiernos e instituciones europeas). Lo vemos a través del tejido, donde, a partir de la Nakba, se pasa de unos colores vivos, vistosos, a unos tonos más sombríos, en concordancia a la situación vivida.
La exposición, que ha tenido lugar en la Real Fábrica de Tapices de Madrid a lo largo de varios meses de 2026, está compuesta por tres secciones: “Un Legado en Hilos”, “Una Nación entre Puntadas” y “Una Herencia en Movimiento”.
En las dos primeras se descubre el tatreez, el bordado palestino, como un símbolo fundamental de identidad, pertenencia, memoria y conocimiento. Con piezas históricas de regiones como Belén, Ramala, Hebrón, Gaza, Jaffa o Jerusalén en la primera sección (anteriores a la Nakba), y piezas elaboradas por mujeres refugiadas en Líbano (posteriores a la Nakba) a través de Inaash, organización libanesa creada en 1969 para preservar y revitalizar el bordado palestino y apoyar a las mujeres palestinas refugiadas en Líbano a través de este.
Encontramos piezas fundamentales en la identidad palestina como el thobe, el vestido tradicional, ligado al cuerpo y a la propia identidad de las mujeres. En los bordados destacan los motivos geométricos y ligados a la naturaleza, materiales como el lino, la seda o incluso el terciopelo. Colores cálidos en su mayoría, como el naranja o el magenta. O monedas en los tocados de boda que representan la posición económica de la familia (algo así como el ajuar podríamos decir). Motivos o colores que evolucionan con el paso del tiempo.
En la segunda sección, después de la Nakba, destacan unos telares con los trajes típicos, los thobe, elaborados de forma que recuerdan a una tienda de refugiados. Un trabajo inmenso, de varios meses de duración y con una delicadeza en su hacer impresionante, basta con meterse dentro de esas especie de tiendas de campaña y observar el revés del bordado.
También hay un mapa, en la primera sección (antes de la Nakba) en donde en una pequeña vitrina observamos un pequeño mapa escolar. En el mapa destaca algo: en la franja que es Palestina, pone PALESTINA.
Ya en la última sección se presentan diversas piezas elaboradas por artistas contemporáneas que entrelajan el tatreez con prácticas artísticas contemporáneas. Introducen materiales diversos, como la arcilla, encontrando el tatreez en un material como el barro en el que destaca su fragilidad pero también su posterior fortaleza. O elementos nuevos, como una llave que se añade al lado de las monedas en los tocados de boda. Esa llave de la esperanza de poder regresar al hogar, algún día. O colores fríos como el azul y una gran abundancia del rojo, el color de la sangre.
Un recorrido a través del tatreez, el bordado palestino, transmitido de madres a hijas, de abuelas a nietas, como símbolo de una cultura que reivindica su identidad y su cultura, también, a través del tejido.
Nunca dejemos de hablar de Palestina.